• INTERIORES DE LA CATEDRAL
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Su planta es de cruz latina. El interior consta de tres naves, otra de amplio transepto y capilla mayor rodeada de girola. La cabecera y el transepto pertenecen al siglo XII, las naves bajas y las bóvedas del transepto al siglo XIII, la nave alta al XIV y al XV la reedificación de las crucerías de la nave central y la parte superior de la capilla mayor. Es, en conjunto, un bello ejemplar del cisterciense o primer gótico. Su estilo fundamental es el de la época de transición del románico-gótico de influencia aquitano-borgoñona. Puede asegurarse que es una de las más notables catedrales cistercienses. Las bóvedas muestran, desnudas, su gentileza; los ventanales mantienen íntegros su forma románica en las naves laterales, y gótica, en la central.

Tres de las columnas del coro son de fuste liso, y fueron las primeras en la construcción del siglo XII; las restantes son de baquetones agrupados; la columna derecha del crucero también, aunque de este estilo, se diferencia de las demás.

Entre las muchas capillas laterales, altares, coro, presbiterio, etc., que guarda esta catedral figuran obras señeras del arte español, todas ellas se analizan independientemente. En el brazo izquierdo del transepto, que cae sobre el altar de Santa Librada, hay que admirar un rosetón precioso por la valentía de su ejecución.

Respecto a los nervios y ojivas de las bóvedas que cubren esta catedral de Sigüenza, en parte edificadas en el siglo XIII, hay arcos ojivos cuya sección está formada por curvas cóncavas y convexas acordadas (un bocel entre dos profundas escocias), que proceden del arte gótico del norte de Francia.

Se ha suscitado el problema acerca de si son los nervios o los plementos los que constituyen la bóveda gótica. Autores hay que se inclinan por la teoría de que es la plementería la verdadera bóveda, en equilibrio por sí misma. Hay ejemplos de estas bóvedas, que han perdido los nervios pero que se mantienen en conjunto, en la catedral de Sigüenza.

 

Las Naves de la Catedral de Sigüenza

El interior, muy sobrio, consta de tres naves separadas por fuertes pilares, excepcionalmente de planta cuadrada, con columnas gemelas empotradas en sus cuatro frentes, que cubren casi por completo. Las naves laterales, de menor altura que la central, pertenecen al siglo XIII. La nave principal se comenzó en 1495, en estilo gótico final, con la reedificación de las crucerías de esta nave, y la parte superior de la capilla mayor. La nave central se cierra en el transepto con la reja del coro y enfrente cierra otra hermosa reja la capilla mayor. Ésta es poligonal. La cubierta y la linterna del transepto, bombardeadas en 1936, han sido reconstruidas con altas bóvedas góticas que apoyan en gruesos pilares fasciculados y cilíndricos.

Las ventanas de la nave central son mayores que lo acostumbrado en las restantes iglesias, pero esta parte alta de la catedral seguntina se levantó pasado el primer cuarto del siglo XIII, bajo el influjo del arte gótico del norte de Francia.

Los tramos de la nave mayor son más largos que anchos. La consecuencia es que los apoyos están bastante separados, en contraste con lo que pasa en las iglesias plenamente góticas por lo que, como esta nave es algo ancha, la bóveda cubre una superficie considerable -103 m- y produce gran empuje.

Respecto a sus excepcionales dimensiones, bastará citar dos: los 10,20 m de ancho de su nave mayor y los 27 de altura de las claves de esa nave.

Forma la iglesia, según he dicho, una grandiosa cruz latina, que tiene de largo desde su pie, en la fachada occidental, hasta el altar de Nuestra Señora del Rosario, en el centro de la girola, 86 m, y de ancho en el transepto o crucero 38 m.

En el suelo de las naves de la catedral hay muchas laudas sepulcrales, ya desgastadas, que recuerdan, en borrosas leyendas, los nombres y los méritos de mitrados, canónigos y caballeros. Las lápidas tienen escudos, motes y divisas. La vida pasa a cada momento sobre ellas borrando, poco a poco, las águilas, yelmos y castillos de sus blasones.

Pocos lemas de las marmóreas sepulturas son legibles. El roce constante de los pies ha desgastado ya las letras, porque es ley de vida, de muerte y de olvido que de aquello que fue no quede ni el recuerdo.

Casi todos los pilares con dobles columnas descansan sobre altos y fornidos zócalos, moldurados y de planta octogonal.

Forman el perfil de sus basas un bocel superior y una moldura en cuarto de bocel abajo, entre los que se desarrolla una escocia no muy profunda. No faltan nunca las garras -hojas casi siempre- en los ángulos del plinto. Es muy frecuente que el cuarto de bocel inferior esté decorado con unos rehundidos semicirculares, a modo de festón.

La finura de su moldurado depende de la calidad de la piedra empleada. Con la arenisca de Sigüenza es posible obtener buenos perfiles.

Todos, o casi todos, los pilares de los pies de la catedral de Sigüenza, en correspondencia con todas las pilastras, tienen dobles columnas en los cuatro o en dos de sus frentes, flanqueadas de otras para apeo de los arcos doblados y con una en cada ángulo para arranque de los ojivos, empotradas de un medio a un tercio, aproximadamente, de su diámetro, y despedazadas con el pilar.

La característica más acusada de este tipo de pilar es su gran sección y la extraordinaria robustez consiguiente que supone máxima complejidad y magnitud al quedar envuelto por 20 columnas.

Los mayores en la catedral de Sigüenza tienen un ancho máximo de 3,76 m. Esta dimensión suele ser de un tercio a un cuarto del ancho de la nave mayor; en la de Sigüenza sobrepasa algo el tercio.

El diámetro de las columnas es mayor en las que apean los arcos ojivos que el de las destinadas a sostener la rosca exterior de los fajones y arcos formeros.

Los pilares con dobles columnas acusan la influencia languedociana.

La cabecera de la nave del transepto pertenece al siglo XII; al XIII sus bóvedas.

En el transepto, lado izquierdo, hay un precioso rosetón de tracería atrevidísima.

Los brazos del crucero están cubiertos por bóvedas sexpartitas, conforme a modelo angla-normando.

En el crucero es donde más se goza de las soberbias proporciones de la catedral. El arco toral del presbiterio es de una majestad soberana, constituido por haces de columnas con bellísimos capiteles. Digna de toda alabanza fue la feliz restauración efectuada en estos pilares, suprimiendo los huecos que para el paso a los púlpitos se abrieron en ellos, en época más moderna a su construcción, con gran peligro de su estabilidad y en contra de toda regla.

Adosadas a los cuatro pilares del centro del crucero, en su parte alta y antes de llegar al primer orden de capiteles, se contemplan cuatro estatuas, del segundo tercio del siglo XIV, que representan el Augusto Misterio de la Encarnación del Señor profetizado por Isaías y Zacarías, colocados a la izquierda, y anunciado por el arcángel San Gabriel a Nuestra Señora la Virgen María, a la derecha, con los blasones del obispo D. Simón Girón de Cisneros (1300-1326).